LA CONCIENCIA ES UN MUSCULO QUE SE USA POCO, PERO EXISTE ( Entrevista a Eduardo Galeano por Ima Sánchis)
Una broma muy seria
En Galeano entiendo lo que significa librepensador y transito por el término intelectual sin reticencias, porque es un erudito humilde y con sentido del humor. En su delicioso libro Espejos (Siglo XXI) nos evidencia que hay muchas cosas inaceptables que hemos aceptado por costumbre, como si fueran inevitables. Cosas que deben ser cambiadas. Nos ofrece, como es su costumbre, una mirada sobre lo acontecido que lo cambia todo: “Desde el punto de vista de una lombriz, un plato de espaguetis es una orgía”. La realidad es mucho más compleja de lo que nos contaron. Espejos es un libro escrito desde el ángulo de los que no salieron en la foto, un interesante libro de historia que parece una broma.
Sigo viviendo en Montevideo, donde todavía se puede caminar y respirar. Mi universidad fueron los cafés y sus oradores. Casado y con hijos, nietos, perro, gato y tortugas. La democracia está por conquistar. Enla tierra conviven cielo e infierno, el más allá está en el más acá
¿Ayer hoy y mañana cuentan la misma historia?
La historia no se repite, pero podemos reconocernos en lo que pasó. La memoria es tu mejor amiga cuando te ayuda a no tropezar con las mismas piedras, pero parecemos obstinados en trabajar en nuestra propia perdición.
¿Falta de inteligencia? Miedo al cambio, estamos entrenados para repetir la historia en vez de hacerla.
El mundo siempre ha sido de un puñado de hombres.
Así sigue siendo, yo no creo que este mundo sea muy democrático; fíjese en la ONU, mandan cinco países, los que tienen derecho de veto, los demás somos todos simbólicos. Y esos cinco países que velan por la paz mundial son los cinco principales productores de armas, ¿a nadie le sorprende?
Pasemos a la libertad personal: ¿hacer lo que te dé la gana está penado?
La libertad no es un derecho igualitario. Me parece revelador y estimulante la competencia entre una mujer y un negro en EE. UU., teniendo en cuenta que hace un ratito, en 1943, por orden del Pentágono la Cruz Roja de EE. UU. prohibió la transfusión de sangre negra para que no se hiciera por inyección lo que estaba prohibido en la cama. Y en nuestro mundo católico, durante siete siglos y medio las mujeres tuvieron prohibido cantar en los templos porque ensuciaban el aire.
La historia humana es la de una misoginia alargada.
Sí, la regla general ha sido el poder macho. Hatshepsut, con gran poder y espíritu creativo, reinó en Egipto disfrazada de hombre. Muchos siglos después, Concepción Arenal hizo la carrera de Derecho disfrazada de hombre y, años después, la gran novelista Pardo Bazán fue la primera catedrática española, pero sus aulas estaban vacías. Ha sido muy difícil el camino para que ustedes sean consideradas parte de la humanidad.
¿Por qué?
Relaciones de poder y derecho de propiedad. Tratar a las mujeres como menores de edad son convicciones convenientes. Y el racismo sirvió para justificar las conquistas y la esclavitud, el mejor negocio europeo durante tres siglos, ya que se trataba de seres inferiores incapaces de autogobernarse.
Cuénteme una historia de mujer. Sakina,la bisnieta de Mahoma, encabezó la lucha contra el tapacaras, y con razón decía que su bisabuelo jamás había dicho una palabra al respecto. Se casó cinco veces y en los cinco contratos negó obediencia al marido. En aquella época las mujeres predicaban en las mezquitas.
¿Qué lecciones extrae de la historia pequeña?
Creo que el universo sólo se ve a través del ojo de la cerradura. Hay un latido de grandeza escondido en los personajes pequeños, y miente la cultura dominante cuando nos induce a creer que la grandeza es lo grandote.
Cuéntenos la historia del viajero ciego.
Darwin decía que James Holman veía con los pies, sus descripciones del mundo son maravillosas. Es una de las innumerables paradojas, lo cual es una fuente de esperanza.
Hoy parece que lo práctico impera sobre lo estético.
Cualquier necio confunde valor y precio, decía Machado. Los imperantes criterios de rentabilidad – tanto tienes, tanto vales- hacen que se inviertan los valores; en Italia acaba de ganar las elecciones un tipo, Berlusconi, que siendo primer ministro dijo: “Sólo los imbéciles pagan impuestos”.
¿Existe la justicia?
Como propósito. Ecuador se propone declarar constitucionalmente que la naturaleza tiene derechos. Y aunque será dificilísimo aplicarlo, que quede por lo menos incorporado a la legislación me parece un logro.
¿Qué prohibiciones nos definen?
La más grave es la prohibición de soñar, de clavar los ojos más allá de la infamia, de creer que otro mundo es posible, porque está condenado como un acto de estupidez.
Pues habrá que ser desobediente. Hay que actuar de acuerdo con la propia conciencia. Cuando se derrumbaron las Torres Gemelas, los altavoces ordenaron a los trabajadores que se quedaran en sus puestos. Se salvaron los que desobedecieron.
Nos solemos mover en la discreción.
Estamos educados en un sistema de valores que no corona a los mejores, sino a los que tienen menos escrúpulos, que recompensa la falta de honestidad,el egoísmo, la mentira. Bush y Blair mintieron cuando iniciaron la carnicería de Iraq. El pueblo los reeligió.
¿Qué les recomienda a sus nietos? Soy muy cauto, no se lo digo así, pero el mensaje es que no hipotequen su alegría, que no se vendan, que tengan dignidad.
Hay que ser valiente para eso…
Iban cero a cero. Era la final entre Millonarios y Santa Fe, Devanni cayó derribado en el área y el árbitro pitó penalti, pero él se acercó al árbitro para explicarle que tropezó. Y el árbitro le señaló el estadio, esas miles y miles de cabezas rugientes: “¿Tú crees que ahora puedo anular el penalti?”.
Difícil dilema.
Devanni se puso frente al portero y eligió su ruina. Pateó la pelota muy lejos del arco. Admirable. Arruinó su carrera pero se le abrieron anchas las puertas de la gloria. Hay mucha gente que hace lo que cree que debe hacer y no lo que le conviene. La conciencia es un músculo que se usa poco, pero existe.
OBAMA EN LOS INFIERNOS ( por Mario Vargas Llosa)
Cuando la senadora Hillary Clinton comprendió que era ya poco menos que imposible para ella ganar la designación como candidata a la presidencia por el Partido Demócrata, pues su rival, el senador Barack Obama, le llevaba una ventaja en votos, delegados y Estados que no alcanzaría a igualar, recurrió, como suelen hacer los políticos, a las armas prohibidas. En este caso, el tema racial. Y dijo, ante la prensa, que lo que las elecciones primarias venían demostrando hasta ahora era que a ella la preferían los electores de la “América blanca”.
Hillary Clinton es un animal político frío, tenaz, inteligente y sin escrúpulos. Obama no ha respondido con las mismas armas ni ha descendido al vituperio.
Aunque le llovieron las críticas por resucitar un asunto tan ominoso y explosivo en un país como los Estados Unidos -el propio The New York Times, que ha respaldado su candidatura, la censuró en un editorial- el vedado recurso dio, por lo menos en apariencia, buenos resultados: el 13 de mayo, en las primarias de Virginia Occidental, el Estado más “blanco” del país, Hillary obtuvo una arrolladora victoria con más de cien mil votos sobre su contendiente. Se trata de un triunfo llamativo pero insignificante en términos prácticos, porque, debido a su escasa población, Virginia Occidental tiene muy pocos delegados, y Obama sigue conquistando superdelegados entre los independientes e, incluso, algunos que habían prometido su apoyo a la senadora se lo han retirado para dárselo a él. Y en estos últimos días, John Edwards, que fue precandidato presidencial en estas primarias y que había sido afanosamente solicitado por los dos contendientes, se decidió también por Obama. Su apoyo es importante pues Edwards tiene influencia en el medio obrero y sindical, donde la senadora Clinton es muy popular.
Pero, aunque, como señalan los analistas, ocurra lo que ocurra en las tres elecciones primarias -de cinco pequeños Estados- que aún faltan a los demócratas, el senador Obama parece tener asegurada la candidatura, la fea operación de contornos racistas lanzada por Hillary Clinton puede tener siniestras consecuencias en la futura campaña presidencial entre Obama y McCain, convirtiéndola en un enfrentamiento entre la América “blanca” y la América “negra”. No tiene que ocurrir, pero hay indicios alarmantes. Todas las encuestas hechas desde que la senadora se proclamó la favorita de los “blancos” indican que un número creciente de estadounidenses declara ahora que el tema racial o étnico ha pasado a ser importante para ellos en sus preferencias electorales. Lo que significa un serio revés para Barack Obama, que había hecho de la solidaridad entre las diferentes razas, tradiciones, creencias, convicciones y costumbres uno de los puntales de su prédica desde el inicio de su campaña.
Hillary Clinton no es una racista, desde luego. Es un animal político, frío, tenaz, inteligente y sin escrúpulos. Con la misma glacial serenidad y destreza con que supo salir airosa de los escándalos y humillaciones a que la sometió su marido en los comienzos de su Gobierno, ha continuado su campaña, sin perder la sonrisa y el ánimo, mientras era derrotada una y otra vez por un adversario que, según todas las encuestas, es preferido por los jóvenes, los profesionales, los empresarios, los universitarios y, en resumen, por los sectores más modernos, cultos y liberales de la sociedad norteamericana, dejándole a ella los más incultos, primitivos y provincianos.
Antes de la operación racial, su campaña lanzó ya otra de guerra sucia -de índole machista- que no prosperó. Consistía en presentar a la senadora como el verdadero “macho”, el auténtico líder viril en la contienda, alguien a quien su propio jefe de campaña bautizó en Illinois como “el candidato testicular”. Obama, en cambio, sería el débil, el blando, el indeciso, el -horror de horrores- intelectual, alguien a quien sería riesgoso y suicida confiar la primera magistratura en caso de un conflicto bélico. Los avisos pagados de Hillary presentaban a la senadora en una actitud marcial y beligerante, con la siguiente interrogación: “¿A quién preferiría usted como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos?”. Y al lado de la senadora languidecía un esmirriado y subsumido Obama con una cara de vacilante y asustado. Pero esta tentativa denigratoria no tuvo mayor efecto.
Entonces, la senadora, en uno de esos gestos audaces que la caracterizan, decidió que, como ya no era realista pensar en su nominación, sí era posible, en cambio, contribuir a la futura derrota de su rival en las elecciones presidenciales de noviembre frente al republicano McCain. No se trata de una venganza personal, nacida de la frustración, sino de un sencillo cálculo matemático de un político de alto vuelo. Si Hillary Clinton aspira a ser la candidata de los demócratas a la Presidencia en el año 2012, es preciso que en estos comicios el ganador sea un republicano y no un demócrata. Pues si es Obama el próximo presidente, la senadora vería cerradas las puertas de su candidatura a la Casa Blanca hasta el año 2016, ya muy tarde para ella. Nada de esto se puede exhibir a la luz pública, pero sí enviando indirectos mensajes a la subconciencia y los prejuicios instintivos del electorado. Según los sondeos últimos, un 50% de los partidarios demócratas de Hillary Clinton en Virginia Occidental afirmaron que no votarán por Obama para presidente: si es el candidato se abstendrán de votar o lo harán por McCain.
Al mismo tiempo que la senadora envenenaba la campaña de racismo, el candidato republicano iniciaba su propia guerra sucia, utilizando otro ingrediente explosivo para desacreditar a su casi seguro rival en las elecciones de noviembre. En una conferencia de prensa decía que, entre él y Obama, el verdadero amigo de Israel era el senador McCain. ¿No lo demostraba el hecho de que el líder de la organización terrorista Hamás hubiera dicho que simpatizaba con la candidatura de Barack Obama?
De este modo, una especie que había circulado, sin mayor eficacia, hace algunos meses, resucitaba y volvía a ocupar los primeros planos del debate electoral: Obama, un musulmán emboscado (pues su padre lo fue), un amigo de los palestinos y, por lo tanto, potencialmente, un presidente que daría la espalda a Israel, el mejor aliado de los Estados Unidos, y tendería la mano a los terroristas palestinos. La acusación de McCain es de largo alcance y si prende puede ser decisiva en la campaña. Los judíos son una pequeña minoría en número en la sociedad norteamericana, pero el lobby judío, las organizaciones que apoyan a Israel y hacen campaña favorable a los políticos que consideran proisraelíes y hostigan a los que no, ejerce una poderosa influencia económica y publicitaria en toda campaña electoral. Y aunque no siempre ganan sus candidatos es seguro que siempre pierden los que considera sus enemigos.
Desde que McCain hizo aquella declaración, el senador Obama se ha multiplicado en desmentidos ante diversas asociaciones judías y proisraelíes, recordando una vez más sus tomas de posición, tanto en la cámara estatal de Illinois como luego en el Senado, a favor de Israel y condenando en términos inequívocos el terrorismo de Hamás. Y también repitiendo que, aunque su padre fuera musulmán, su madre lo educó como cristiano, al igual que ocurrió con su esposa Michelle. Por otra parte, muchos judíos norteamericanos se han manifestado respaldando sus afirmaciones y desmintiendo las insinuaciones de McCain.
Todo esto es una indicación de que la campaña presidencial será esta vez más virulenta que otras veces. ¿Conseguirá Obama enfrentar exitosamente las guerras sucias lanzadas contra él? Yo creo que sí, aunque sin duda le va a costar trabajo y no puede permitirse cometer un solo error. Mi optimismo no se basa tanto en las encuestas, como en la actitud que hasta ahora mantiene entre las llamaradas de mugre y de insidia que han encendido a su alrededor. No ha respondido con las mismas armas ni ha descendido al vituperio. Continúa, imperturbable, con su discurso reformista, de ideas, con invocaciones a la unión, rechazando toda forma de sectarismo e intolerancia, y con propuestas concretas y realistas a favor de los débiles, los marginados, los guerreristas y los fanáticos, y una fe contagiosa en las instituciones democráticas. Es verdad que a menudo habla más como un intelectual que como un político profesional, pero eso, por fortuna, en vez de desprestigiarlo, le ha ganado la simpatía y el entusiasmo de millones de sus compatriotas. Su discurso sigue atrayendo sobre todo a los jóvenes, de todas las razas, que acuden por millares a trabajar como voluntarios en todo el país, fortaleciendo una maquinaria que ha probado tener una eficacia contundente. Esperemos que las campañas de guerra sucia no prevalezcan y, por una vez, el idealismo y los principios derroten a las maniobras de los políticos.
